La erupción volcánica de 1783 que cambió el clima

Daniel M Por Daniel M 8 minutos de lectura
La erupción volcánica de 1783 que cambió el clima -Revista Interesante

El 8 de junio de 1783 tuvo lugar una de las mayores erupciones volcánicas jamás registradas en la historia. Este desastre natural se produjo en Islandia, en el sistema volcánico de Grimsvötn, tras la apertura de una falla formada por 130 cráteres en el subsistema denominado Laki.

La actividad volcánica no cesó hasta febrero de 1784, se prolongó durante ocho meses y sus efectos, según fuentes de la época, fueron terribles, situándose en el nivel 6 en el índice de explosividad volcánica utilizado por los expertos.

La erupción volcánica de 1783 que cambió el clima

Gran parte de la costa sureste de Islandia fue invadida y devastada por lava; se estima que la erupción generó unos 14 kilómetros cúbicos de basalto.

Al mismo tiempo, un denso manto de gases nocivos (la actividad volcánica liberó a la atmósfera 120 millones de toneladas de dióxido de azufre y 8 millones de toneladas de gas flúor) y polvo se extendió por el cielo de la isla, matando a una cuarta parte de la población islandesa y casi todos los animales, pero también contaminando el agua. Para colmo, el fuego se propagó destruyendo la vegetación.

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Una crónica escrita en Copenhague en septiembre del mismo año describe los sufrimientos del pueblo y algunos de los terribles efectos de la lava. La consternación y el miedo se apoderaron de los islandeses que, además de desconocer la verdadera magnitud del desastre, vieron a su país envuelto en «la más espantosa oscuridad» producida por «los vapores de azufre, arena y cenizas» emitidos por la erupción. El sol sólo era visible al amanecer y al atardecer como «una gran masa de fuego atrapada entre densos vapores». Además, una terrible hambruna afligió a los supervivientes en los años siguientes.

Viaje a la nube volcánica

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Islandia registró el mayor número de víctimas, pero el impacto de la erupción traspasó las fronteras de la isla. Impulsada por los vientos causados ​​por el establecimiento de un área inusual de alta presión sobre Islandia, la espesa nube tóxica se movió en dirección sureste. A mediados de junio llegó a Noruega y Bohemia, el 18 de junio cubrió Berlín, el 20 afectó a París y dos días después llegó a Le Havre.

El 23 de junio la nube alcanzó la costa de Gran Bretaña llenando el cielo de un polvo sulfuroso. Un calor sofocante se apoderó de la atmósfera y los londinenses vivieron un verano sin precedentes. La temporada fue inusualmente cálida en gran parte del continente europeo, pero, después de un corto período de tiempo, fuertes lluvias y granizo hicieron bajar las temperaturas.

El otoño fue más frío y húmedo de lo habitual, y el invierno que siguió fue muy duro. Se perdieron cosechas, lo que provocó hambrunas y enfermedades. El número de muertos en Gran Bretaña fue enorme: se cree que los gases tóxicos en la atmósfera causaron al menos 23.000 muertes, y el frío mató a otras 8.000.

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El cielo estaba surcado por una densa y persistente niebla, que los rayos del sol no podían atravesar. La aparición del disco solar, que cambiaba a lo largo del día, aumentó el desconcierto de lo que la gente describió como un «fenómeno increíble y premonitorio» para el que no se pudo encontrar explicación. En Inglaterra se podía observar que el sol tomaba un color blanquecino al mediodía, como una “luna nublada”, que emanaba de un día para otro un calor insoportable.

Cambios climáticos

La erupción de los cráteres del Laki cambió la dinámica atmosférica en el año 1783. Los periódicos de la época recogieron en sus páginas noticias sobre multitud de acontecimientos ocurridos entre 1783 y 1784 y que se consideraban indicios de un «desorden natural». Entre ellos se incluyen los terremotos de Calabria y Sicilia, Volinia (Polonia), Oporto y Braga (Portugal) y Provenza (Francia); las intensas tormentas que azotan el mar Adriático, la amenaza de erupción del Monte Vesubio y las inundaciones extremadamente graves en las regiones francesas de Auvernia y Lemosín, así como en gran parte de Alemania, especialmente en la región del Bajo Rin, como consecuencia de las fuertes lluvias y nieve derritiéndose en los picos de las montañas.

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Los efectos de la erupción no terminaron cuando la nube se disipó. En 1785, las condiciones climáticas que afectaban a Francia favorecieron la agricultura, generando cosechas abundantes y una caída de los precios de los productos. Sin embargo, en años posteriores la producción agrícola se vio afectada por la sequía estival, el frío invernal extremo y violentas tormentas de granizo que devastaron los cultivos. Considerando las condiciones del país y la vida cada vez más difícil de las personas afectadas por la sequía, estalló la Revolución de 1789.

Consecuencias mundiales

Como consecuencia del calor excesivo del verano de 1783, la temperatura media en el hemisferio norte descendió bruscamente unos tres grados, provocando que disminuyera la diferencia de temperatura entre Eurasia y África y entre el océano Índico y el océano Atlántico, limitando la llegada del monzón. capacidad de generar las precipitaciones que alimentan los ríos.

En el norte de África la temperatura subió dos grados, y la falta de precipitaciones hizo que el Nilo no inundara la tierra con sus aguas, lo que hacía imposible sembrar sin el riego necesario. Lo mismo ocurrió al año siguiente, y la pérdida de las dos cosechas provocó una terrible crisis que diezmó a la población egipcia.

Estudios recientes han demostrado que tras la erupción, las temperaturas medias en Barcelona aumentaron durante los cinco veranos siguientes y no variaron significativamente durante la primavera y el otoño, mientras que en invierno hubo meses muy fríos.

La erupción volcánica de 1783 que cambió el clima

Estos cambios climáticos fueron descritos y comentados por los periódicos europeos; pero nadie llegó a relacionarlos con la erupción de los cráteres del Laki, excepto el político Benjamín Franklin, quien, en una conferencia pronunciada ante los miembros de la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester, el 2 de diciembre de 1784, titulada Fantasías y conjeturas meteorológicas. , argumentó que fue la niebla seca de Islandia la que cubrió los cielos de Europa, bloqueó los rayos del sol y generó el anómalo cambio climático. Estudios recientes han confirmado que Franklin tenía razón.

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Por Daniel M Redactor jefe
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